Lo que quedó

Pasaré de puntillas ahora
que inmóvil observas caer la tarde.
Te sorprendí,
llegué silenciosa y me colgué de tu cuello,
quisiste evitarlo pero yo ya,
había dado el salto sobre el trampolín.
Prometí no abrazarte,
no querías echarme de menos
ni añorar demasiado mis dedos.
Quedamos en irnos sin despedirnos
serpenteando por los lugares
donde fueran a parar nuestros huesos.
Así alejados, ignorantes de los rumbos
inesperadamente quizá,
siguiendo la trayectoria invisible
volveríamos en algún cruce a unirnos.
Y nos absorbió el tiempo
con todos sus cambios y conspiraciones,
y nos volvimos perezosos y olvidadizos,
dejamos de regar los campos de piel
que fueron nuestro orgullo,
dejaron de crecer los tréboles.
Y ahora de puntillas
aferrada a un recuerdo fugaz,
te hiero sin quererlo.
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