Tú no estás

Tú no estás, ni las mañanas
aquellas, que eran como una carta de bienvenida
con las palabras ligeras y brillantes,
que más parecían intentos de corazones y flores
de contornos ovalados y sensibles
avanzando en la planicie del papel.
Brillantes parecían también mis ojos,
sonreían mirando alrededor,
todo era entonces importante y mío.
Qué no podría yo hacer
con sólo un instante
(en el que volviera a tu lado),
balanceándome en el recuerdo hambriento,
mientras me rozaba la piel la brisa,
recién llegada de dormir sobre ti.
Tú no estás, ni yo tampoco ahora,
cerré las ventanas y corrí las cortinas,
atruenan detrás de la puerta grises tardes
frías y cambiantes, sin palabras
que bombeen todo lo que somos
directamente a nuestras venas.
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