Mineros de aquí y de allá

Una diseñadora crea una colección de vestidos inspirándose en unos grabados muy antiguos que hacen referencia a la agricultura asiática. Sobre la pasarela las modelos pasean plantas de arroz y tallos de junco llenos de belleza y clase, nada más alejado de las plantaciones de subsistencia de los campesinos, pero nos parece idílico.
Un jefe de gobierno muy mediático y rejuvenecido aconseja a los jóvenes de su país que se busquen la vida ligando con millonarios, y como evidentemente no hay para todos, ni todos dan la talla, los que no consigan dar el ansiado braguetazo que emigren tranquilamente. Es un absurdo, de gran frivolidad, dicho finamente y sin herir sensibilidades, hasta podría parecernos gracioso, si nos dejásemos llevar por los efectos de algún tipo de bebida alcohólica. Sin embargo la verdad se muestra en forma de carcajada tragicómica, es reírse en la cara de la gente que desespera diariamente buscando un trabajo, pero no lo tendremos en cuenta.
Los valientes mineros de Chile ven la televisión bajo tierra, sepultados en vida sólo porque el que manda, hombre aprovechado y buen conocedor de las miserias de su gente, nunca tuvo en cuenta las medidas de seguridad. Él hizo la vista gorda pero no fue el único, puede parecer increíble la incompetencia y dejadez con la que “trabajan” ciertos organismos políticos pero no lo es. Los trabajadores son números que hacen cuadrar un balance y pueden sustituirse fácilmente por otros tan muertos de hambre como ellos, aunque ahora todo eso haya pasado a un segundo plano, lo que se pide a gritos es intentar sacarlos de allí, luego quizá nada cambie.
Las minas del Bierzo y Asturias no son rentables, llevan años recibiendo subvenciones de Europa pero ahora Europa dice basta y las empresas eléctricas prefieren comprar el carbón de fuera porque es más barato y señores a lo que estamos, la pela es la pela... El empresario, persona de amplias miras y objetivos claros decide (después de pensárselo mucho) no pagar las nóminas a los mineros argumentando que no puede y amenaza con suspender la prejubilaciones para aquellos que ya están próximos a cumplir con los años de duro y sucio trabajo. El todo poderoso sentado desde su cómodo sillón, en su empresa privada, ve como los mineros una vez más se juegan el tipo y le sacan las castañas del fuego. El minero, ahogado por unos y por otros, presiona con sus manifestaciones y arriesgadas acciones, pero no olvidemos quién aprieta más fuerte. En esta cadena de acontecimientos, el empresario (sea de dónde sea) de amplísimas miras y cuenta corriente holgada, tiene poco que perder, seguramente podrá rehacer sus negocios lejos de las montañas de carbón que adornan nuestros paisajes.
Nos gusta buscar paraísos perdidos y ya no los hay.
Comentarios
Un abrazo.
Malditos sean esos explotadores.
Un triste abrazo.