Hablando sobre “La Envidia”


Según el diccionario de La Real Academia de la Lengua Española:
Disgusto o pesar por el bien ajeno.
Deseo de tener o hacer lo mismo que otro.
(Del lat. invidia, literalmente podríamos decir, mirar con malos ojos)
La envidia como instrumento de mejora, superación personal, entendida como afán por alcanzar un logro que antes hemos visto culminado por otra persona. La envidia entendida como un tipo de admiración ¿Este sentimiento es acaso condicionado por una etapa de la vida, por el momento vivido, o es algo más profundo, intrínsicamente humano?
En qué momento pasa de ser algo positivo, dentro de lo razonable e incluso hasta cierto punto saludable, a convertirse en sentimiento enfermizo, supongo que la gestión de la envidia tiene posiblemente que ver con la educación y el respeto, por lo tanto es algo relacionado con lo cultural, pero cómo puede lograr que deseemos no lo material del otro, sino que a ese otro no le vaya bien. Es, poniendo un ejemplo muy visual, como si alguien se sacase un ojo para ver tuerto al sujeto de nuestra fijación. Y cómo empieza la envidia, a través del sentido de la vista.
Quizá por ello en La Divina Comedia, Dante nos mostró a los envidiosos llevando los ojos cosidos con alambre, quizá por ello las miradas pueden decir más de lo que creemos y darnos un aviso, una llamada a la cautela. Aún así, tantas veces no lo percibimos, por falta de atención a nuestros propios instintos, y se nos cuela entre las filas un amigo envidioso. Un mal amigo sin duda.
En este poema aunque la alusión queda clara a dos mujeres, la envidia no tiene género. Sólo ha sido una cuestión de estética poética. Las imágenes son ilustraciones de Miquel Barceló, que realizó para una edición de La Divina Comedia. Dos de mis envidias confesables.
Sobre la tierra seca, yerma, de pie,
odiando la piel que me cubre,
la voz mutilada de tanto hablarme de ti.
Recordando, el vergel que es tu casa,
la suave brisa llena de canciones que es tu boca,
la estela blanca que es tu contorno deseable.
Me consumo y crece en mi
aún más este resentimiento a la vida
que bordó en ti la belleza,
cosió a mí la simpleza de unos rasgos,
escribió en ti gracia y versos
olvidó en mi, virtud plasmar.
Soy yo culpable de todo ello,
no eres tú más cruel conmigo,
cuando sonríes, me tiendes la mano,
me das de beber de tu copa sin dudar.
Yo te miro desde la sombra que soy
y me siento parida por ti,
deseando oler como tú hueles
sobre tus ojos de miel, posar mis ojos,
deseando que se te paren las horas,
quizá en ese escalofrío que te recorre
estoy envuelta ya por siempre.
Comentarios
"Yo te miro desde la sombra que soy".
Un beso.
He acudido a tu blog guiada por la curiosidad despueés de leerte en el de Thornton.
Como mujer veo que despiertas no Envidia, sino Admiración. Echaba en falta un toque femenino, feminista?
Perdona por el atravimiento a entrar.
Un saludo
Un beso y gracias por tu visita siempre bien recibida.