Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












domingo, 28 de junio de 2015

Llegan las mañanas de sol




                                                             Fotografía de la autora
                                                            (Mariposa sobre una hoja)





Hay dos cosas que me gustan de ti,
esa calidez con la que me hipnotizas
y esa ingenuidad tan infantil
con la que siempre pareces vestirte.
No estás jugando, lo sé,
ese suave movimiento te lleva
a donde quieres ir, y te enredas
entre las cosas como la luz se enreda
-dibujando destellos e invisibles trazos-
entre las telarañas y las hojas,
agitadas por una brisa que te envidia.
Llegan las mañanas de sol, y con ellas
llegas tú, y no mirarte, lo sé,
es casi imposible.













jueves, 18 de junio de 2015

Un recuerdo de invierno

                               Ontario, Canada, 1990, Foto de Larry Towell





Acabará el invierno y tendremos más de un  instante al sol.
Creceremos, y veremos con los ojos de un niño los lugares
donde aguardábamos emocionados acontecimientos imaginarios.
La inocencia no nos la roba el tiempo sino la desilusión.
De vez en cuando nos pide el corazón un recuerdo,
el impulso para seguir caminando y no detenernos.
Hoy más que nunca siento la áspera y cálida corteza envolviéndome,
la suavidad de la piel de aquel gato de melancólico maullido
y mi voz  de niño, entrecortada por el esfuerzo de haber subido
aquella alta torre, en un castillo que tocaba el cielo.









miércoles, 10 de junio de 2015

El mundo como una peonza hasta que la cuerda se rompa





                                           Fotografía de Juan Manuel Maroto Romo




http://www.agenciasinc.es/Noticias/Descubierto-el-primer-agujero-negro-orbitando-alrededor-de-una-estrella-peonza



Gira, gira
la velocidad extrema y extraña
convirtiendo lo que es en nada,
haciendo de mi un torpe,
un desesperado.
Gira, gira,
este mundo que promete y traiciona
que declara y confunde,
que llora para una instantánea
y luego arremete contra el fotógrafo.
El torpe, el desesperado, el que grita,
el que acude, el que te alimenta,
el que ríe para que rías....
esos, son los tuyos.
Qué todo lo que brilla no es oro,
y el tiempo nunca se detiene,
tampoco la naturaleza entiende
de  falsas economías.
El mundo como una peonza
hasta que  la cuerda se rompa








martes, 2 de junio de 2015

Mariana y Dimas (Eloisa está debajo de un almendro)











                                      Lunes, 1 de Junio, Teatro Pumarín de Oviedo


                                     Mari Luz Fernández González y Mamen Uría

                      
                                                     Fotografía de la autora.














MARIANA.—¿Es usted el criado de Fernando?

DIMAS.—Sí, señora. Para servir a la señora.


MARIANA.—¿Tiene usted la llave de ese armario? (Señalando.)


DIMAS.—¡Dichosa llave del armario! Tres días llevo buscándola, señora, y no sé dónde he podido
meterla...


MARIANA.—¿Se le ha perdido?


DIMAS.—¡Tiene uno la cabeza ya tan embarullada! Pero aparecerá; tiene que aparecer...


MARIANA.—Lleva usted muchos años en la casa, ¿verdad?


DIMAS.—He perdido la cuenta. Serví al padre del señor, serví al abuelo...


MARIANA.—¿Y no recuerda usted si ahí, al otro lado del reloj, hubo en algún tiempo una alacena?


DIMAS.—¿También la señora tiene la manía de las alacenas? ¿También la señora busca a lgún
misterio, como el señor? ¡Hum! En esta casa no ha habido nunca misterios hasta hace un par de
meses...


MARIANA.—(Levantándose.) ¿Hasta hace un par de meses?


DIMAS.—El señor se empeña en ver algo raro en la muerte de su padre. Pero ¿es raro que un hombre
se pegue un tiro al perder a una mujer que quiere? Lo que sí es raro es lo que el señor ha empezado a
hacer últimamente. Pero a la señora tengo que decírselo porque debe estar prevenida.


MARIANA.—¿De qué habla usted?


DIMAS.—Pregúntele... Pregúntele al señor la señora por qué un domingo, que estaba solo en casa,
levantó parte del entarimado de su cuarto...


MARIANA.—¿Eh? 


DIMAS.—Y por qué una noche que creía que nadie le veía, se estuvo más de una hora cavando en el
jardín. Pregúntele la señora qué es lo que entierra..


MARIANA.—¡Lo que entierra!


DIMAS.—Aquí el único que no está claro es él. Y eso de que en una alacena encontrase esto y lo
otro..., pues yo juraría que lo cuenta para despistar.


MARIANA.—¡Para despistar!