Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












sábado, 30 de mayo de 2015

Perder la cabeza

Perder la cabeza
es irremediable
cuando, aún con los ojos abiertos, 
no ves nada.
Hay un instante temible y es ese,
la oscuridad del miedo
el golpe en la boca del estomago
la falta del latido del otro
la duda sobre uno mismo
el silencio en el ruido
la soledad en la compañía
el hambre a pesar de la abundancia.
Contradicciones, no,
sólo yo pensando en el ahora,
en el recuerdo del pasado,
en la vejez que se aproxima.
Te quiero pero no sé decírtelo,
a la vez te odio y te deseo,
a la vez me odio por no ser
capaz de decirlo.
Perder la cabeza  es fácil,
la locura está a la vuelta de una esquina, 
o hace tiempo que duerme,
contigo sin saberlo tú.
No me odies,  si quieres,
sólo quédate aquí.







miércoles, 20 de mayo de 2015

Mensaje en una botella


                                                            Fotografía de la autora





Un mensaje en una botella
es, poesía más que nada.
Es lo que queda de un momento
en la noche o en la mañana,
lo que alguien escribió
-con letra temblorosa-,
lo que fue y ya no es,
lo que es, y quizá no fue.
Un mensaje para quién,
¿para mí o para ti?,
-nunca lo sabremos-.
Un naufragio esconde,
un mar de dudas supone,
un muerto en vida tal vez.











martes, 5 de mayo de 2015

Un abandono

http://culturainquieta.com/es/inspiring/item/1187-un-muchacho-dejo-su-bicicleta-encadenada-a-un-arbol-cuando-marcho-a-la-guerra.html

Un abandono,
un objeto que alguien poseyó,
a la espera de un regreso no certificado
ni por hombre, ni por dios alguno.
El hogar
bajo el cielo,
la habitación inmensa de un bosque,
la compañía extraña de un árbol,
donde la vida no cesa.
La soledad
con los ropajes diarios
de la lluvia, el sol y el frío
y el ciclo irreverente del deterioro.
Al final
el abrazo, la simbiosis original,
y la ausencia, para siempre,
del alguien que poseyó.