Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












sábado, 23 de marzo de 2013

Frida&Chavela Intensidad



Frida Kahlo and Chavela Vargas, 1950 by Tina Modotti














Huyamos juntos
si así evitamos tanto miedo.
Huyamos o quedemos dormidos
como niños cansados.






jueves, 21 de marzo de 2013

Unos cuerpos son como flores....



Comenzando la primavera con un poema de Luis Cernuda



Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.










sábado, 16 de marzo de 2013

Poesía para los Dioses



Apolo se enamoró de Dafne pero no fue correspondido. Así nos lo cuenta el poeta romano en su obra escrita en verso, donde recogió los relatos mitológicos procedentes de la antigua Grecia y que el mundo romano adoptaría como propios, adaptándolos a  sus necesidades culturales y sociales.
El amor, el odio, la venganza, la traición, la violencia son temas eternos en el mundo mitológico clásico, un mundo en cierto grado machista, donde las diosas virgenes cumplen con su papel adoctrinando la condición de la mujer dentro de la sociedad y los dioses infieles creados a imagen del hombre, garantizan su superioridad destinados a justificar y promover el manteniemiento de sus conductasLos Dioses/as son retados pero siempre ganan y los mortales deben respetar las reglas.
A pesar de todo este fondo-contexto donde se mueven los mitos, la historia de Apolo (para los griegos, Febo para los romanos) y la ninfa Dafne resulta terriblemente bella.


Ovidio, Metamorfosis, Libro I,548-568.


Agotadas sus fuerzas, ella palideció y, vencida por el esfuerzo de la rápida huida, dice, contemplando las aguas del Peneo: " Áyudame padre". Exclama, ¡sí los ríos tenéis poder divino, haz desaparecer con un cambio esta figura, con la que he gustado en demasía!.
Apenas acabado el ruego, un pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros: su blando pecho es rodeado de fina corteza, sus cabellos crecen como hojas, sus brazos como ramas, su pie se queda fijo con lentas raíces, el lugar de su rostro lo tiene la copa, en ella permanece solamente su belleza. También así  la amaba Febo y posando su diestra en el tronca, siente que su pecho tiembla todavía bajo la reciente corteza,  y abrazando con sus brazos sus ramas, da besos a la madera, con todo la madera rechaza sus besos.
A ésta  el dios le dijo:
"Y puesto que no puedes ser mi esposa, en verdad serás mi árbol. Siempre te tendrán Laurel, mi cabellera, mi cítara, mi aljaba.Tú acompañarás a los alegres generales cuando una alegre voz cante el triunfo y el Capitolio contemple largos desfiles.Tú misma como la más leal guardiana de la casa de Augusto estarás de pie ante las puertas y protegerás la encina que está en medio, y, del mismo modo que mi cabeza es la de un joven con los cabellos sin cortar, lleva tú también siempre los honores perpetuos".


                              Apolo persiguiendo a Dafne de Cornelio de Vos, S.XVII



Serás mi árbol,
árbol de la vida
Laurel, mi corona.
Mecerán tus ramas
los sueños que no fuiste,
darán esencia tus hojas
y correrá su savia en mis venas.
Serás Laurel
el lento morir del recuerdo.






sábado, 9 de marzo de 2013

Impresión





Predomina el azul
a lo lejos
desde la ventana,
en este interior
predomina el rojo
de un vestido.
Estás aquí
-cómo aún te recuerdo-.
Cristaliza la tarde
oscureciéndose,
hay un caleidoscopio
como mi almohada
y un reloj varado
sobre mi pecho.
Estás, pero yo no.