Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












jueves, 31 de enero de 2013

Una pregunta






¿Qué es lo que quieres hacer?    
escribir un libro
pintar un cuadro
quererte
¿Qué es lo que quieres?
escribir un libro
pintar un cuadro
qué me quieras
¿Qué es?
un libro
un cuadro
mi vida
¿Qué?
qué  me leas
qué me observes...

Instante cosido a preguntas
pequeños retazos de piel
cicatrices acariciadas
las palabras.



miércoles, 23 de enero de 2013

Mujeres de este mundo





Sobre la nieve,
apenas perceptible
tu paso.
Saludas al viento
agitando tu cuerpo
que escaló muros
como una hiedra.

Triste y exultante
avanzas inmensa
no eres cristal, ni piedra
sólo mujer.

Bajo la palmera,
sobre la arena
junto al río
entre la basura
tras la puerta
de la mano de un niño
sólo mujer.
         
                                        Llenas como un dulce canto
                                        la estancia, donde la miseria 
                                          a menudo viene a dormir.



lunes, 14 de enero de 2013

Adivina







Adivina; te espero bajo el tejo antiguo como el mundo
cerrando los ojos y apretando los labios
temiendo que desconoscas el camino y no regreses.
De abandonos están los sueños rotos
de heridas y ausencias
de perdidas y huidas.
Aquí soy yo yo como la bella Ítaca que aguarda,
un poema que a falta de un verso se queda olvidado.
Miro este cielo que respira con mi pecho,
me recuerda el diminuto espacio que ocupo
apesar de que mis manos y mis ojos fueron grandes,
para dar, mirar y crear en ti.
Pido que aún, alguna noche blanca me llames,
sea tu necesidad sentirme, un sólo segundo,
un instante eléctrico de esplendor.

Adivina; me senté bajo el tejo, el más viejo que nadie recuerda,
pedí el deseo de desear antes de secarme,
de ser como entonces,
el cuerpo y el alma que tú respetabas.
Cerré los ojos inspiré ahogándome,
con la esencia que llovía sobre mi
abrazando la inmensidad el tronco infinito
adentrándome en su hendidura de siglos
arañando su corteza.

Adivina; en el claro del bosque,
el dormido, el remoto tejo
recubierto de pretéritos sentimientos
abriga magnífico el espacio, que un día habitó un cuerpo,
ser extremádamente sensible.