Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












viernes, 18 de mayo de 2012

Un pensamiento extraño o extrañado

Fotografía de Miguel Angel Madrid



Quisiera poder ser, no sólo yo sino tú, él, o ella.

Quisiera estar aquí contigo y no estar.

Me imagino  en cualquier lugar, a cualquier hora

contemplando inmensas llanuras colonizadas de gorriones,

veredas de ríos que inundan caminos secretos,

el skyline  de escarpadas montañas lejos de ciudades, 

que nadie admira salvo yo.

No sé, dudo, comprendo mi limitación para seguirte,

comprendo tu temor a hacerlo tú.

Ayer soñé que desaparecía,

quedaba de mí un recuerdo suave,

no me dolía la vida, ni te dolía a ti,

me sentía bien así, habiendo sido,

sin más ambición.

Soñé también que decía lo que no quería decir,

quizá estaba airada,

desgarraba las horas buscando una salida.

Lo sé, fui yo la de la mentira,

también la de la verdad y el silencio.

Quisiera dormir y al despertar no estar aquí,

te extraña  lo sé, y yo lo siento,

caminas torpemente buscando entenderme,

pero aún así no retrocederé,

es un pensamiento que se me escapa de entre manos


como agua fresca.

viernes, 4 de mayo de 2012

Munch y yo





Fotografía de Carmen Uría





Cuando Munch pintaba “El  Grito” no podría haber imaginado nunca que su desesperación interior, el temor al final, la enfermedad, el dolor, la soledad, el paso del tiempo y sus preguntas, se cotizaran tan alto. No podría imaginar que tras la ruptura pictórica que significó su estilo y su denuncia de una época, hoy se esconderían los valores en bolsa del Arte. Cuando Munch pintaba lo que sentía
-no lo que veía-, el recuerdo de ese instante, de esa impresión enmarcada en un fondo que no se entiende (qué sólo él entendía), pintaba de memoria sin añadir nada, sin los detalles que ya no estaban ante él, quizá no era sino una especie de egoísmo.


Entre los escombros de las obras, tras mi ventanas, un trozo de vida se resistía a secarse, las calas de los jardines ahora desarmados y en huesos, aún frescas, arrancadas de cuajo de la tierra, miraban al sol. La fotografía, el instante, la impresión robada de ese día me pareció más bella de lo que podría creerse. Y yo que imitando al genio, torpemente y sin pretensiones, quise enseñar lo que yo veía, no la realidad, que ya por sí misma siempre está presente, decidí que el recuerdo que se iría merecía unas palabras enmarcadas en un presente de colores apagados como  lo eran entonces, o quizá simplemente era la necesidad de que alguien me leyera (escuchara) aquí y ahora.