Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












lunes, 9 de enero de 2012

En el 2012 Los Miserables cumplen 150 años


                                                                                 Victor Hugo


Considerado como un alegato social, no sólo  por relatar la historia de Francia durante 20 años, sino también por ser un excelente estudio de la sociedad de aquella época, es una franca denuncia de la pobreza  y también del género humano. Pese a que en 1862, cierta crítica la recibió en forma desfavorable y denunció la demagogia y el peligro que entrañaba, la obra cobró una popularidad inmediata, pues los obreros juntaban entre varios el dinero necesario para comprar el libro que se publicó en tres tomos, los dos primeros del 3 de abril y el tercero el 15 de mayo.


Los Miserables  es  la historia de Jean Valjean, un convicto que estuvo injustamente encarcelado durante 19 años por haber robado una rebanada de pan. Al ser liberado de su injusta condena, Valjean trata de escapar de su pasado, lleno de maldad y depravación, para vivir una vida digna y honesta. Sin embargo, esto se ve truncado al ser reconocido por el inspector Javert, quien lo persigue obsesionadamente para enviarlo de nuevo a prisión. Esta persecución consume la vida de ambos hombres, terminando en un inesperado desenlace.



Los miserables (fragmento)



Marius, interiormente y en el fondo de su pensamiento, dirigía todo género de preguntas a aquel señor Fauchelevent, que era para él simplemente benévolo y frío. Ocurríanle de vez en cuando dudas sobre sus propios recuerdos. Había en su memoria un agujero, un punto negro, un abismo abierto por cuatro meses de agonía, y en él se habían perdido muchas cosas. Preguntábase si estaba bien seguro de haber visto al señor Fauchelevent, a un hombre tan grave y tan sereno en la barricada.



Y no era este el único estupor que las apariciones y desapariciones del pasado le habían dirigido en el espíritu; ni debe creerse que estuviese libre de esas insistencias de la memoria que nos obligan, aun siendo dichosos, aun hallándonos satisfechos, a mirar melancólicamente hacia atrás. La cabeza que no vuelve a contemplar los horizontes ya desvanecidos, no encierra ni pensamiento ni amor.



A veces Marius se cogía la cara entre las manos, y el vago y tumultuoso pasado empañaba el crepúsculo que tenía en el cerebro. Veía de nuevo caer a Mabeuf, oía a Gabroche cantar bajo la metralla, sentía en sus labios el frío de la frente de Eponina, las sombras de todos sus amigos, Enjolras, Courfeyrac, Jean Prouvaire, Cambeferre, Bossuet, Grantaire, surgían ante él, disipándose en seguida. Aquellos seres queridos, impregnados de dolor, valientes, ya graciosos, ya trágicos, ¿eran creaciones de su fantasía?, ¿habían existido realmente? El motín se lo había llevado todo en su humo. Las grandes fiebres originan estos sueños. Interrogábase, palpábase, y agitábale el vértigo de todas estas realidades desvanecidas. ¿Dónde estaban, pues, aquellos seres? ¿Habían muerto, sin quedar uno solo? Una caída en las tinieblas, de la que él era el único que se había salvado. Parecíale la desaparición que se verifica al correr el telón de un teatro. Hay de estas bajadas de telón en la vida. Dios pasa al acto siguiente.



Y en cuanto a él, ¿era la misma persona que antes? Pobre entonces, ahora rico, abandonado hacía poco, tenía ya una familia; desesperado recientemente, iba a casarse dentro de unos días con Cosette. Figurábasele que había cruzado a través de un sepulcro, penetrando en él negro, y saliendo blanco. Los demás se habían quedado en la sombra.



En ciertos instantes, aquellos seres del pasado, apareciéndosele, formaban un círculo alrededor de él, y le oscurecían; pero pensaba en Cosette, y volvía a estar tranquilo; necesitaba de una felicidad para borrar de su memoria semejante catástrofe.

2 comentarios:

Mercede Saenz dijo...

Me parece muy buena esta publicación. Leo este blog aunque escriba poco.
Felicitaciones y abrazo
Mercedes Sáenz

Mamen dijo...

Gracias Mercedes, pásate cuando quieras, estás en tu casa.