Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












viernes, 28 de octubre de 2011

José y Pilar

Ayer pude ver esta película documental sobre José Saramago en el Antiguo Instituto de Gijón presentado por la propia Pilar del Río esposa del escritor. El filme representa a Portugal en los Oscars y eso que en el documental no quedan muy bien parados. Fundamentalmente son instantes, momentos que se grabaron durante el periodo de tiempo que comprendía la creación del último de sus libros "El viaje del elefante". Increíble Saramago, sensible y auténtico.  Si podéis verlo, hacerlo.


jueves, 13 de octubre de 2011

Persistes




Ya no están ni las horas robadas


ni la estancia repleta de ilusiones.

El comienzo de un otoño

alejado de bosques y senderos

se llena melancólico,

otras inquietudes,

-sensaciones de calles y bullicio-

otros cuerpos y formas

aguardan.

Aún así un recuerdo nítido

persiste.

Mi ausencia, tu falta

se consuelan, se abrazan,

y duermen juntas.

No querrán alejarse más allá de este otoño.

Persistes tú y me impulsas,

me dejaste claro que te importaba,

yo sin embargo te dejé,

escritos algunos versos,

-desnudos-

siempre jugué con las palabras,

o ellas jugaron conmigo.




lunes, 3 de octubre de 2011

Pared y silencio




La mirada se detuvo en la pared,


silenciosa mirada.

Con la luz tenue y el silencio

pared, techo, suelo, me escondieron

tantas veces.

La cama bien hecha,

el retrato del pasado sobre el mueble,

los libros como montañas infinitas,

tristes y bellas cosas que esperarán.

Cuántos minutos quedaron

- todos los momentos-

adheridos a estas formas materiales

que tomaron la mía propia.

Me escondí, me protegí bajo la manta

adormilada en el sofá que ocupó el salón

y también las tardes frías, mientras afuera la lluvia

se debatía entre los árboles

y los tiestos abandonados y vacíos

de semillas llenas de primaveras.

Escalera que subía al cielo de ambos

que bajaba a los desayunos de miel y nueces,

tanto y tanto nos dimos

incluso el llanto, y nuestro odio sin razón.

La pared me acarició para despedirse

y yo perdida pensé,

- la frente apoyada sobre ella-

“Ya ha pasado tanto tiempo, no,

aún no puede ser”.