Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












miércoles, 28 de septiembre de 2011

La calle

La calle tiene su sombra

herida.

La esquina parece que es el final

donde se encuentran

los hombres que no tienen donde ir.

Se cruzan respiraciones

murmullos y algún fatal estribillo

que destroza una canción.

Se encienden las luces

en las ventanas

que no tienen cortinas,

parece el escenario

donde aparecerás tú.

Torbellinos de papeles

que se levantan como cometas

heridas

que caen ante tus pies,

el polvo se queda en tu pelo,

te miran los hombres

que no tienen donde ir.

Ausente y fría eres tú

y todos somos un gran escenario

visto desde la azotea más elevada

de este hirviente hormiguero

de seres malinterpretados,

actores y actrices tristes,

cómicos sin gracia,

malabaristas en continuo equilibrio,

justos ignorados,

y llorones

enfermos imaginarios del mañana.

sábado, 17 de septiembre de 2011

De la montaña a la costa

Desde ahora os escribo desde Gijón.
Se abre un  periodo de nuevas experiencias, el retorno a la ciudad natal , volver para reencontrarse con la familia y los recuerdos llenos de cambios. Un tiempo que se fue y otro que se acerca; viejos y modernos protagonistas de esta vida que pasa y nos toca en la superficie y en las entrañas.


 En el título enlace a la web del ayuntamiento de Gijón.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Desde el jardín, bajo del magnolio, al mar abierto. 2.

Coloqué sobre la mesa las conchas y caracolas con cuidado y esperé, quizá convencida o esperanzada de que el un milagro ocurriera y en ese instante, al finalizar ya la tarde, con la brisa y el eco lejano de un mar que nunca duerme, los hermosos restos de vida marina decidieran resucitar y como instrumentos musicales de nácar y sal filtraran el rumor de las olas, y me hicieran regresar con la melodía limpia y azul de sus entrañas a la pequeña cala solitaria, donde el tiempo parecía detenerse cada tarde en que yo la visitaba.
Isla de Arousa