Palabras que se quedan


Quizá tengas un momento y desees quedarte entre estas palabras que te esperan. Es muy fácil, sólo tienes que leerlas en voz alta si quieres o en silencio si prefieres. A veces la sencillez es el mayor de los argumentos para conseguir que alguien encuentre su propio pensamiento, entre palabras que se quedan cálidamente reposando como un buen vino.












jueves, 15 de abril de 2010

Chinatown. Quinteto de ases



Si juntamos un argumento interesante, de suspense y corte policíaco, basado en el libro de Robert Towne, con un detective de moral dudosa y magistralmente interpretado por Jack Nicholson, y una mujer bella aparentemente fuerte, sólo aparentemente, Faye Dunaway y la visión acertada y laboriosa de un director que no nos deja indiferentes, Roman Polanski, más una banda sonora vanguardista (formada por cuerdas, cuatro pianos, cuatro arpas, güiro, y solo de trompeta) del compositor Jerry Goldsmith, tendremos una pequeña joya cinematográfica. Chinatown.
Nicholson, el detective privado J.J Gittes en la película, figura al frente de una próspera agencia de investigaciones (antes ha trabajado al servicio de la fiscalía) cuyos clientes acuden mayoritariamente a causa de infidelidades matrimoniales, pero, como se irá poco a poco revelando, su último caso, en el que se ve involucrado, esconde mucho más. Chinatown representa, antes que un barrio étnicamente diferenciado, un mundo a parte, una jungla urbana, territorio donde nunca se sabe lo que pasará. Tan sólo los últimos planos de la película, el escenario, corresponden al sector chino de Los Ángeles. La trama acaba enganchándote y el final, de ninguna de las maneras puede ser feliz…

2 comentarios:

Lola dijo...

Buena película mamen solo le pongo la pega del final, hubiera esperado otra cosa.

Mamen dijo...

Pues a mi me gusta esa tragedia final, sigue el ritmo de los acontecimientos...la corrupción, los miedos y fantasmas del nuevo estilo de vida que se perfila. Un final feliz podría darse, creo que en el libro así era, pero Polanski decidió cambiarlo, y creo que acertó, porque el dolor nos deja sensibles y tocados.